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La vida hueca


Esta imagen bien merece una reflexión.

Se trata de una escultura de Bruno Catalano, instalada en Francia al lado del mar.

La mirada del que parte hacia algún lugar que no se divisa en el horizonte que marca el mar podría ser el significado de esta escultura y donde muchos podemos reflejarnos. Cuando una persona que reside en un determinado territorio, se forma como persona, consigue una correcta educación y desarrollo profesional y al final alcanza un determinado nivel de conocimientos de lo que realmente le gusta, se encuentra ante una sociedad cuyos intereses chocan de frente con uno mismo.

Cada individuo busca su lugar en la sociedad que le rodea para ser útil a ésta y por ende, sentirse orgulloso de sí mismo. Cuando se encuentra ante determinadas personas donde su posición relevante, o simplemente de mayor categoría sin mérito alguno, le traba su desarrollo personal y profesional éste trata de aguantar y luchar para que se le escuche demostrando a su vez que su valía está por encima de determinadas situaciones. Pero este tipo de personas, que se dan cuenta que no son tan válidas ni tan interesantes que el individuo en cuestión, se van amenazadas y aprovechándose de su posición superior tratan de frenarlo para que no les sobrepase. Su situación les permite demostrar que lo que el individuo realiza se lo puede auto-atribuir para mayor gloria de él y miseria de ese individuo. Cuando este proceso se repite una y otra vez sin que se acuerde nadie de ese individuo tan válido, entra en una espiral de baja autoestima y pérdida de confianza y de interés en lo que realmente es profesional.

Muchos profesionales estamos bajo la sombra de alguno/s superiores mediocres que nos frena/n cualquier atisbo de notoriedad por muy pequeño que sea, da igual lo que haga uno que siempre tiene corrección y tu trabajo pierde la autoría para pasar a atribuírsela el afamado superior.

Cuando un individuo llega a situaciones como las que describo, y por otro lado tiene situaciones personales que le impiden salir del círculo en que se encuentra, le pasa lo que a la escultura; se queda hueco. Esa pérdida motivada por el hastío que tiene, le hace olvidarse de los conocimientos que posee y ese hueco cada vez se hace más grande.

Sólo le queda mirar al mar, coger su maleta y esperar en la orilla a que pase el primer barco para enrolarse rumbo a cualquier destino. Quizás ese destino no sea el correcto, pero al menos es distinto al que ya conoce y puede merecer la pena aventurarse en conocerlo.

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